Escalar
al altiplano de tu vientre,
recorrer después
sus colinas rasas
y repleto de verano y penumbras
perderme
entre tus páramos
y regarte
con mi luz,
fuego
que mi deseo no logra contener.
Cada noche
te espero
anhelante
en un pliegue de mi sueño.
(ex-afiladabarracudasoñadora)

Salambó:
tu enfermiza mirada
ha hecho
para mi
de la Luna y ánimo nuevo,
un motivo más de planeo sobre los hombres,
una explicación del nudo
imposible
de la vida tardía
plegándose sobre el fuego de la infancia.
Salambó, el tiempo
y la ficción y quizá también
el mar de Theletussa
nos separan.
Pero tu piel morena
que jamás existió
me envuelve como una túnica de hilo de trigo;
entrecortando el ritmo de mis pasos
y nublando mi vista
en una calle que me es extraña.
Afortunadamente, Salambó,
has existido donde no toda la carne nacida
con dolor
lo ha logrado.
Por suerte
tu mirada perdida hacia la Luna
es la misma que la mía.
(imagen: "Salambó" de Alphonse Mucha)

Las más inamovibles verdades,
aquellas que empujan a los sabios
a verter la sangre propia
y la de sus hijos
con orgullo
y pecho henchido.
Esas, son también la parte interesada
de una certeza más compleja,
inasequible.
Son verdades acordadas
entre el utilitarismo
y la supervivencia
de la tribu.
Si hablamos de las absolutas
no hay más verdad que “Yo”
mientras exista
Después no habrá verdad que importe,
ni a mi
ni a “Yo”.
El amor esclaviza
es prisión
Muros, cámara
de gases que adormecen
Hormigón
Amor está reñido
con “yo”
que encarna a libertad
Amor es segunda persona,
plural o singular,
frente a la soledad de la primera persona
cuando es singular:
individuo
Vapor frente a hielo
Viento frente a roca.
923 millones de personas, muchas de ellas niños sufren la hambruna.- Harían falta 30.000 millones de dólares anuales para garantizar la seguridad alimentaria en el planeta
Noticia 2:
Cuenta simple:
700000/30000=23 años (aprox) sin hambre.
Cómo me dueles
cuando te me infiltras
por los poros
cuando te ensueño
cuando me invades como una hechicera
que ajena y sonriente
sólo piensa
en seducir a su invasor
(sea mar o sea humano)
en sonreír a las gaviotas
y en jugar con el alma de los hombres
que se enreden
entre la sal y la arena
de tu vientre.
Ya la fuente
gotea.
Ya sólo gotea
desde su empeño
en pervivir.
Ya sólo un charco
entre el laberinto de oquedades
que las aguas de antaño
esculpieran en la piedra.
Ya sólo un junco
donde antes selva.
Ya una avispa
huérfana
bebe su penúltima vida.
Ya el camino que hasta ella llegaba
es asfalto y humo
cuando
antes
tierra y grama.
A la tierra le resbalan
por sus laderas
las historias de los hombres.
Se deslizan livianas
como agua cayente de otoño,
como sudor leve de final de estío
Por las faldas del monte
fluye el mito añorado que brota
en el lecho de muerte,
recuerdo,
despedida,
leche tibia,
infancia.
Todo un Universo se extingue
mientras otros nacen
y por la tierra las lágrimas
y las risas de todos los tiempos
van resbalando.
Las traiciones se inician leves,
sutiles como motas de miel
luciérnagas efímeras
que se elevan en la noche.
Mas generan grumos graves
que en su caída
osan perforar las palmas
abiertas
de las manos.
¡Cuánto pesan las traiciones!
Ni el decidido empuje
del amor,
volátil,
puede vencer su peso.
Y la ley
de la gravedad impone
infalible
que peso
atraiga más peso
o eso que llaman
venganza.
Traición
con traición se alivia
que no se cura.